
Esquema gráfico del curso El Fenómeno del Cine (V1.0)

La competencia de competencias que deseo que desarrollen los alumnos (Hacer Cine) es cíclica, deseablemente progresiva y NUNCA tiene fin. Siempre se puede seguir aprnediendo más a Hacer Cine. Por lo miso planteo que deseo Hacer Cine en el curso, junto con los alumnos durante al menos tes ciclos en los que con “discipulado cognitivo” ellos vayan entendiendo (1er ciclo) probando (2do ciclo) y –deseablemente- comrendiend (3er ciclo). No pienso que realmente se pudieran en el periodo semestral realizar más de tres ciclos. He piloteado este método en otros cursos afines y normalmente no podemos terminar siquiera el segundo (en parte porque lo voy probando-construyendo sobre la marcha este método).
Entonces, no sólo por pedagogía (andragogía más bien…) es necesario una estructura cíclica progresiva (discipulado cognitivo), sino por la naturaleza misma de la competencia propuesta para su desarrollo. El imaginar (cfr. Mi presentación de imaginero) es cíclico. El discipulado cognitivo también. Hacer y hacer cine lo es (hasta algún día lograr aportar algo a la práctica del entorno, una verdadera praxis…) Yo todo lo veo como ciclos. Este curso por lo tanto me parece que debe ser cíclico.
Cualquier capacitación en la disciplina docente, sea a distancia o presencialmente, puede redundar en mejoría de la propia práctica.
Siempre las limitaciones obligan a mejorar la adecuación de la propia práctica. En lo que sea. Si se aprende con limitaciones, y luego cesa esa restricción se obtienen mejores resultados que sin el entrenamiento “en crisis” (algo que conocemos bien en la Ibero Tijuana...)
La limitación de no tener presencia mutua con el alumno (físicamente) ES una limitación muy importante. Ello obliga a diseñar mucho mejor el curso, a desarrollarlo prácticamente “error proof" didáctica y tecnológicamente, a estar mucho más presente con los alumnos, que si tuviéramos presencia física, etc.
Esta habilidad que se intenta desarrollar para una situación crítica, por supuesto que ayuda enriquece los otros ámbitos, no tan limitados, de la educación presencial.
Ya de hecho, con la serie de intuiciones que me aclaran Wiggins y McTighe , así como el modelo propuesto por Collins et. al. sobre el Discipulado Cognitivo me ayudan a atar muchos cabos, al recuperar mi experiencia docente, y a desear mejorar cualquiera de sus modalidades que emprenda.
¿Cuál es tu opinión acerca de lo valioso del enfoque basado en competencias para el diseño de cursos? No conozco el curso Compete que mencionan. He tomado cursos y talleres análogos en nuestra Ibero Tijuana. No me considero duro de cabeza pero todavía no domino la materia, sobre el enfoque de competencias y su aplicación. Lo deseo mucho no sólo por ser la línea-tendencia por la que ha apostado el SUJ sino porque me parece muy conveniente en su integralidad.
Todavía hace unos días fuimos Gaby Ruiz y un servidor con Sagrario Espinosa (coordinadora de Desarrollo Educativo en UIATij) para aclarar diferencias entre objetivos del curso y competencias. De hecho en algunas academias hemos estado discutiendo, todavía, la pertinencia e intligibilidad del enfoque de competencias. Ha causado mucha resistencia (¿al cambio, o al contenido? Me parece que ambos).
Por eso, para responder esta pregunta necesito repetir-me[1] la definición de competencias en el SUJ:
“La interacción de un conjunto estructurado y dinámico de atributos(principios, valores, actitudes, conocimientos, y habilidades) que intervienen en el desempeño responsable y efectivo de tareas en contextos específicos”[2].
Un análisis-síntesis gráfico del conceptoPrácticamente, desde su definición, hay evidencia del enfoque integral-sistémico, de su aplicabilidad, búsqueda de transferencia de conocimiento-habilidad-estrategia de aplicación a diferentes contextos y de sustentar todo ello en actitudes proactivas. No puedo decir lo mismo de los objetivos, más bien limitados a contenido cognitivo, a habilidades del pensamiento y en ocasiones a educar actitudes, de los “objetivos” instruccionales.
Me parece un enfoque mucho más integral, que comprende la complejidad humana y social, y de alcance más profundo (al intentar generar un ambiente donde el alumno pueda formar sus valores y actitudes).
Además:
A lo mejor soy injusto en esta comparación, dado que estoy contrastando lo que de hecho se da en la enseñanza “tradicional” con lo que “debería darse” en la enfocada en competencias. Es muy posible que ambas, bien aplicadas, son educativas. En igualdad de circunstancias, me parece que sería más adecuada la enfocada en competencias.
[1] Un análisi provisional, y previo lo hice en: http://www.tij.uia.mx/~humberto/compet/Compet.htm
[2] No es con exactitud la definición que aparece en el Marco Pedagógico. La tomé, en 2001, de un documento de trabajo del equipo que desarrollaba la NEC. Extraño que hayan cortado “ ...en contextos específicos” porque me parece fundamental.
A fin de cuentas, pienso que es un excelente enfoque con un método radicalmente innovador, pero relativo a su aplicación concreta y situada.
[1] De hecho he visto fracasar excelentes modelos educativos. Como el método personalizado de Pierre Faure, siendo yo alumno del Instituto de Ciencias en 1984. Se intentó por un año, les entró pánico y se regresaron apuradamente al método tradicional. A mí como alumno me encantó y me fue muy útil. Me marcó positivamente. Mis profesores no pudieron hacer el cambio. Fue una lástima.